Historia de la Iglesia de Cristo

Cuando Jesús fue crucificado, el colegio de los apóstoles se encontraba disperso. Judas había muerto y solamente Juan se hallaba al pie De la Cruz. El miedo había impulsado a Pedro a negar al Maestro, y a los demás a esconderse.

Pedro, como jefe De la Iglesia, propuso a la asamblea elegir un apóstol que sustituyese al traidor Judas, y fue designado Matías.

Diez días más tarde, la Iglesia recuerda la fiesta de Pentecostés. Estando reunidos en el cenáculo se oyó un ruido semejante al de un viento huracanado y al mismo tiempo aparecieron lenguas de fuego que fueron a colocarse sobre las cabezas de cada uno de los congregados. Todos se sintieron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar diferentes idiomas, que les eran completamente desconocidos.

Como Pedro hubiese curado a un cojo, habló así a la multitud: » Hombres de Israel: ¿por qué nos miráis como si por nuestra propia virtud hubiésemos hecho andar a este hombre? El Dios de nuestros padres ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien entregasteis y negasteis delante de Pilato. La fe en ese Jesús es la que ha obrado esta perfecta curación. Haced penitencia y convertíos.»

Como mancha de aceite, la doctrina del Salvador fue extendiéndose entre el pueblo judío.

De aquellos cristianos San Lucas nos dice: «perseveraban en las doctrina de los apóstoles, en la comunión de la fracción del pan (es decir, en la recepción de la Sagrada Eucaristía) y en la oración…» Vivían juntos, poseyéndolo todo en común. Vendían sus propiedades y bienes y lo distribuían según las necesidades de cada uno. El pueblo los admiraba y hacía de ellos grandes elogios. La gente llevaba a sus enfermos y los ponía en la calle para que cuando Pedro pasase, los tocase con su sombra y fuesen curados.

Mas este rápido crecimiento y los milagros obrados por los apóstoles excitaron a los jefes religiosos del judaísmo, quienes desde el principio fueron enemigos encarnizados de la Iglesia, y comenzaron a perseguirla. Los príncipes de los sacerdotes arrestaron a los doce apóstoles y les hubieran condenado a muerte, a no ser que uno de ellos llamado Gamaliel, no hubiese dado este prudente consejo: «Dejadlos ir; si su obra viene de los hombres, ella se desvanecerá; si viene De Dios, no podréis destruirla, y corres riesgo de combatir al mismo Dios.» La asamblea aceptó esta opinión y retiraron la prohibición de predicar la doctrina de Jesucristo.

Para distribuir las limosnas entre los pobres y las viudas se eligieron siete diáconos, el primero de los cuales fue Esteban, dotado de notables cualidades y gran elocuencia. No temía entablar discusiones religiosas con los más hábiles doctores de la Ley, y un día sus adversarios, que no podían oponerle otro argumento que el de la violencia, le prendieron y le llevaron ante el Sanedrín, acusándole falsamente de haber blasfemado. Esteban fue condenado a lapidación, siendo por lo tanto el primero de los mártires. La violenta persecución que estalló contra los cristinos de Jerusalén, después de su martirio, favoreció mucho la expansión del cristianismo, pues obligó a numerosos fieles a dispersarse.

EL CAMINO DE DAMASCO

Pablo, aunque ciudadano romano, era judío, de la tribu de Benjamín y había nacido en Tarso, en el Asia Menor. Estudió en Jerusalén para ser doctor de la Ley. De temperamento ardiente y arrebatado, se declaró defensor de la tradición mosaica y enemigo irreconciliable de Jesús y de las nuevas doctrinas. Se dice que había participado en el martirio de San Esteban. Halladnos e cerca de Damasco una luz vivísima le derribó del caballo y oyó una voz poderosa que le decía: » ¡Saulo, Saulo, Saulo! ¿Por qué me persigues?»

Saulo se levantó, pero tuvo que ser conducido por los que le acompañaban, pues estaba ciego y pasó tres días sin comer ni beber cosa alguna. A raíz de su conversión, Saulo o Paulo fue uno de los más fervientes apóstoles.

El cristianismo continuaba progresando en Judea, Samaria y Galilea. Pedro, como vicario de Jesucristo, empezó a visitar las nuevas misiones establecidas por todas partes. Los cristianos de Jerusalén, a quienes la persecución había obligado a dispersarse, habían llegado hasta la isla de Chipre, Fenicia y la lejana ciudad de Antioquía, que era entonces la capital de Siria. Los apóstoles enviaron esta ciudad a Bernabé, cristiano celoso e inteligente. Allí fue donde se dio por primera vez a los fieles o seguidores de Jesús el nombre de los cristianos.

Palestina estaba entonces administrada por Herodes Agripa. Los emperadores romanos le habían devuelto el título de rey y, para hacerse agradable a los judíos, decretó una persecución de la que el apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan Evangelista, fue su primera víctima, haciéndole decapitar, y encarceló a Pedro, en Jerusalén, para darle muerte después de la fiesta de Pascua, pero un ángel le liberó y se refugió en la casa de Juan Marcos, el futuro evangelista.

Los grandes perseguidores De la Iglesia naciente en los primeros tiempos, fueron los judíos. Uno de los problemas más graves que se suscitó en el seno de las cristiandades formadas en pueblos gentiles, era la de si estos deben someterse también la la ley mosaica (especialmente a la circuncisión), la hacerse cristianos. Muchos judíos entendían que sí, pero esto repugnaba a los nuevos conversos. Pedro decidió en sentido negativo con estas palabras: » ¿Por qué tentáis a Dios queriendo imponerles un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?» Entonces la asamblea decidió que no debía molestarse a los paganos que se convertían al cristianismo, ni exigir de ellos la práctica de los ritos exteriores de la ley mosaica.

 

jhr

"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, el que cree en mí, vivirá para siempre."

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