Los Sacramentos de la Iglesia

Recordemos que en la aurora de los siglos creó Dios el alma, la destinó a la visión sobrenatural de su Hacedor. Pero no bastándole al hombre el entendimiento y la voluntad para conseguir este fin, Dios le elevó al estado sobrenatural con el don de la gracia. la gracia no destruía, ni siquiera transformaba, la naturaleza humana; ensanchaba sus límites y le proporcionaba un incremento divino, al que ella no tenía derecho alguno.

El hombre no comprendió el honor que se le acaba de hacer; se rebeló, pecó y lo perdió. Así como la gracia no había transformado la naturaleza humana, sino que solamente la había perfeccionado, así también el pecado no la destruyó, sino que sólo la hirió. El hombre quedó desposeído de los dones gratuitos recibidos De Dios ( la gracia, la integridad, la ciencia infusa, la inmortalidad y la felicidad) y herido, en consecuencia, en esos mismos dones naturales, puesto que éstos carecieron de la defensa que les provenía de los dones de Dios.

El hombre se había precipitado en el fondo de todo mal y no podía remontarse de nuevo a la cumbre de donde había caído sin el auxilio de una fuerza sobrehumana. Intervino entonces la virtud de Dios: Jesús murió sobre la cruz, borró el pecado y nos devolvió la gracia. Nos levantó a la altura de donde habíamos caído.

Debemos pues, la gracia a Jesús crucificado. Jesús en la cruz: he ahí el manantial de la gracia. Imaginemos ahora que en la cumbre de un monte brota agua con mucha abundancia, y que en el valle lejano, son muchos los que ansían apagar su sed. ¡podrán conseguirlo? Sí; pero es preciso que puedan acercarse o bien que el agua llegue hasta ellos por medio de canales. Así lo ha dispuesto el Señor. El hombre se acerca a beber las aguas de la gracia por medio de la oración. La gracia llega a él por siete canales, que son los sacramentos. La oración y los sacramentos son medios para obtener la gracia. La oración implora la gracia infaliblemente; los sacramentos nos la comunican de una manera asimismo infalible 1.

1- Dios podría comunicarnos la gracia directamente, sin recurrir a medios determinados y materiales. Es dueño de sus dones y puede concederlos según le parezca. Alguna vez los confiere a las almas inmediatamente, sin acto alguno externo. Pero no obra así de ordinario. Calmó la tempestad en el mar de Tiberiades, pero primero aguardó a que los apóstoles se lo rogaran, y luego imperó a los vientos y al mar (Mat. 8,24). Cuando sanaba a los endemoniados, lo hacía imperando (Marc. 1,25; 5,8, etc.); impuso la mano al leproso (Mat. 8,3); puso barro en los ojos del ciego (Juan. 9,6). Para comunicar su poder a los Apóstoles sopló sobre ellos (Juan. 20,22), y envió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego (Hechos, 2,3). Del mismo modo obra en los Sacramentos, medios materiales y visibles instituidos por Jesús para darnos la gracia. Son canales que nos traen la gracia de Jesús.

Un día clamaba Jesús: » Si alguno tiene sed, que venga a Mí y beba» (Juan 7,37). Si estamos sedientos le hallaremos en sus Sacramentos.

  1. NOCIÓN DE LOS SACRAMENTOS

La palabra Sacramento tuvo originariamente un sentido más amplio que el actual y significó una cosa sagrada o religiosa.

a) Los sacramentos de la Antigua Ley

En este sentido recibían el nombre de sacramentos los sacrificios, las aspersiones y, entre los judíos, todo cuanto era señal de algo religioso; por ejemplo: el árbol de la vida (figura de la Eucaristía), el cordero pascual (figura de la Pascua cristiana), la Circuncisión (figura del Bautismo).

Pero aquellas realidades del Antiguo Testamento diferían esencialmente de los sacramentos de la Nueva Ley, porque no producían la gracia, sino que sólo figuraban la que habría de venir por la Pasión de Jesucristo.

b) Los sacramentos de la Nueva Ley

La Iglesia fijó luego el concepto exacto de Sacramento dando del mismo una noción científica que corresponde a su verdadera naturaleza:

» Por la palabra Sacramento se entiende un signo sensible y eficaz de la gracia, instituido por Jesucristo para santificar nuestras almas» (C.M. núm. 519).

Signo es toda cosa que es indicio de otra. Cuando veo humo tengo en éste una señal del fuego. Y cuando al entrar en la Iglesia veo a un sacerdote echar agua sobre la cabeza de un recién nacido para bautizarlo, presencio ciertamente un lavatorio exterior; pero ese lavatorio es signo del lavado interior obrado por el Bautismo.

jhr

"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, el que cree en mí, vivirá para siempre."

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